sábado, 28 de febrero de 2009

Shi Bui

Hubo una época en que se puso de moda la comida japonesa, no eras nadie sino comías sushi, sashimi, y otras perlas de esa gastronomía.
No digo que no esté buena, ¿Pero, habéis probado alguna vez un restaurante "español" en el extranjero? Tengo la impresión que ocurre igual aquí con los restaurantes que prometen gastronomías exóticas.
Un mundo cada vez más accesible hace que algunos ingredientes básicos de esa cocina ya se pueda comprar aquí con normalidad, como las algas nori, o el mirim, vinagre de sake. Pero estoy convencido que no con la variedad y frescura de allí.
Además, sí, soy un tiquismiquis, para mi un poco de arroz apelmazado, enrollado en un alga, con un poco de aguacate y salmón crudo en el centro, empapado en salsa de soja y con un poco de wasabi no constituye un manjar, si hay que comerlo, se come, pero no constituye un manjar.
"Somos lo que comemos" y con esta contundencia abre la carta del Shi Bui, en opinión de algunos amigos, el mejor japonés en Barcelona, la frase exacta es otra, pero no la recuerdo.
En el Shi bui aprendí el gusto por las elaboraciones orientales, que no se reducen al sushi y al sashimi. Aquí está rico el yakitori, el tori no teriyaki, sukiyaki, las trufas de sake o té verde, las distintas tenpuras, en su punto. Y si quieres sushi o sashimi, lo traen variado y en barcas espectaculares, para compartir.
Disponen de mesas al estilo occidental, al estilo japonés (en el suelo) y estás pueden ser mixtas, es decir, con gente sentada a lo japonés, sobre sus rodillas o con los pies colgando. Del mismo, si te pasa como a mi, que no vas a comer con palillos, disponen de cubiertos occidentales.
La decoración transporta perfectamente al minimalismo japonés.
El inconveniente es que es bastante caro, sobre todo si lo comparamos con sus primos, los restaurantes chinos, pero se come francamente mejor.
Japón está en Barcelona en el Shi Bui, calle Compte d'Urgell, 272, teléfono 933219004. http://www.shibuirestaurantes.com/

Casa Ginés

Es relativamente fácil encontrar restaurantes que parecen pescaderías, también se da lo contrario, pescaderías que tienen unas mesas en las que sirven comidas. Casa Ginés es más sincero, la pescadería está en su sitio, y el restaurante en el suyo. No comparten local, pero desde el uno se ve el otro, cruzando la calle.
Mesas y sillas de fórmica, poco espacio entre las mesas, manteles de papel,carta limitada a sota, caballo y rey, pescado y marisco a la plancha y ensaladas. ¿Cúal es el secreto de su éxito? La calidad del producto, superfresco, a un precio más que razonable, y una cocinera que cada día prepara 100 o 200 raciones de pescado a la plancha, vamos, que le tiene cogido el punto.
Queda retirado, y cuando llegas no hay garantía de coger mesa. Cuantas veces no habré hecho cola en la barra con un botella de vino turbio, pero el rape planchadito está delicioso. Merece la pena el riesgo de estar media hora haciendo cola. Yo solo voy al mediodía, si tengo claro que voy a comer pescado y tiempo suficiente para desplazarme, no he estado de noche ni en fin de semanas, así que no sé como funciona.
Un consejo, evitar las mesas del fondo, cerca de la cocina, o cuando salgáis a la calle os perseguirán los gatos.
La casa Ginés está cerca del Hospital de Sant Pau, en calle Castillejos, 373 Teléfono: 93 4365128

viernes, 27 de febrero de 2009

Duobar

Os prometí hablar de Zsa-Zsa, un bar que en mi primera juventud simplemente me encantaba. Era el lugar ideal para poder mantener una conversación relajada, ver "gente guapa", escuchar música, y gozar del juego de luces del local.
Hay que recordar que el local recibió en su momento el premio FAD, y no era fácil, os estoy hablando de esa Barcelona del '92 donde todo era diseño, Nick Havanna, Las torres de Ávila, ... la ciudad sudaba creatividad.
Pared de alabastro con luces de intensidad regulable van iluminando el interior con una luz cálida, casi solar. Las lámparas puestas en el techo, son focos que se reflejan en una estructura que recuerda una bandeja de camarero. Los taburetes, pequeños y no demasiado cómodos, también tienen una asiento que recuerda una bandeja.
Las demás paredes que no son de alabastro, son de cristal o están decoradas con tapices hechos a base de "collages" de alfombras, que ayudan a recoger el sonido, junto con el techo. Una barra que siempre se quedaba pequeña. Y recuerdo tomar stingers o whiskyes, en aquella época knockandos, con hielo y soda.
Dejé de ir cuando tuvieron un escape de agua y se les levantó el suelo, el olor a humedad no favorecía a las alfombras de la pared.
La última vez que cené en Sempromiana, hace unos meses, la primera copa la hicimos en el Zsa Zsa, está a unos pocos pasos, pero comprobé que ya no se llamaba así. El ambiente seguía siendo de "gente guapa", profesionales liberales tomando una copa después de cenar, había más gente. Público heterogéneo bien mezclado. La música ya estaba más fuerte, pero la pared seguía brillando.
He mirado la web del Duobar, http://www.duobar.com/ y me he quedado de una pieza. Sí, es el mismo local, no hace 3 meses estuve tomando copas, pero de lo que leo en la web se diría un local de intercambio de parejas, fiestas liberales y alterne, espero que solo sean los banners de publicidad. Yo no he visto tal cosa, pero a lo mejor han reorientado el negocio... Si paso por la puerta, lo comprobaré, al menos. Ojalá no cambiase nunca y siguiese tal como es en mi memoria.
Duobar, antes Zsa-Zsa, está en Rosselló, 156.

La Maison du Languedoc-Roussillon

Si realmente alguien quiere comer comida francesa en Barcelona, que no hay ninguna necesidad, pero si alguien tiene el antojo, podría recomendarle varias alternativas, la más espectacular y menos "integrista" es la "Maison du Languedoc-Rousillon" y en otro estilo, la brasería Flo.
No soy fanático del foie, pero mucho menos del queso, con lo que no disfruto especialmente de esta cocina, si recuerdo los detalles de nivel que delatan un proyecto ambicioso. Los servicios de pan, las ostras, los vinos, pero sobre todo, el detalle por el que me llevaron a comer ahí la primera vez, fue para ver el servicio de los postres.
Y es que Ángel, a pesar de llevarme 20 años, es como un niño. Le había llevado un proveedor, y él tardo solo unos días en invitarme a ver lo que le parecía una novedad, y es que el postre lo servían prisionero de un enrejado de caramelo con forma de cúpula. Ese enrejado, puesto encima del postre, y a la luz de focos que proporcionan una iluminación dirigida en exclusiva a las mesas, manteniendo una luz de ambiente en la sala y en los rostros, ese enrejado brillaba como de alambre y te separaba de tu sorbete. Obviamente se tenía que romper con la cuchara. Una presentación excelente.
Lo recuerdo lleno a rebosar, o sea, se recomienda reservar, aunque ahora quizá haya perdido glamour, hará un par de años que no he ido. Eso sí, la segunda vez que fui pagué yo y es un sitio de los de llevar la visa limpia, aunque ahora me comentan que ya dispone de menú al mediódía, pues habrá que ir a probarlo. Pero el precio está en concordancia con la abundancia de los pequeños detalles.
La Maison du Languedoc Roussillon está en Pau Clarís, 77. Teléfono 933010498.

L'envers du decor

Si por la noche me esperaban en el Attic, y no fui. Al mediodía me esperaban en "L'envers du decor" y casi no llego. Justo a tiempo de vernos y saludarnos.
A ver, Operación Naranja... Lo malo son las expectativas, que dices de quedar a comer en un restaurante francés y uno se imagina esa "boullabaise" al estilo de Marsella, una "cassoulette", el omnipresente "foie", sobre un taco de solomillo... y acabé comiendo judías con chorizo.
Que no estaban mal, no, pero para ser un restaurante francés, me pareció un poco de la "banlieu".
Punto positivo, mira, no había queso... que un francés "comme il faut", quiera o no, habría queso. Otro punto muy positivo, solo 6,5 euros, más barato imposible. También positivo, conserva el mobiliario y la decoración que recordaba de mi anterior vida, cuando ese restaurante estaba lleno a rebosar y se llamaba Vilapils. Ahora estaba un poco vacío.
Punto negativo, a ver, no comí. Pero por varias circunstancias, algunas más relacionadas con el pequeño frenesí temporal de mi trabajo. Otras propias del menú que elegí, la piedra disfrazada de judía estofada, y el bistec... la próxima vez pediré hamburguesa, salchichas o huevos, no sé, pero bistec, no. Digo que pediré hamburguesa, aunque en mi casa de pequeño, cuando mis padres me llevaban a comer fuera de casa y me pedía como niño, hamburguesa, albóndigas, o similar, mi padre siempre lo cambiaba por bistec, y me decía -Hijo, en casa no creemos en la resurrección de la carne, de esa no-.
Fue en el Vilapils donde Kuss se pidió uno de sus célebres cafés y el camarero fue a tomar nota para no dejarse nada... era algo así como un cortado descafeinado de máquina, en vaso de cristal, con muy poco café, y la leche desnatada solo templada, ¡Ah! y con sacarina. Y añadía yo, y un chucho. He oído pasar recetas de paella más breves.
L'envers du decor está en la calle Viladomat, 240. Teléfono 934391673

Attic

Muchos amigos se han reunido hoy a cenar en el Attic. Y es que ha sido un día completo. Lástima que me pilla en un momento de trabajo intenso y no estoy para nadie. La primera vez que intenté ir al Attic salíamos del Romea, de ver una obra de teatro basada en los últimos días de la vida de Tolstoi, íbamos Imma, Cruella de Vil y familia. Pero estaba a tope, y acabamos cenando en un hotel de la calle Bergara. Sin embargo, me gusto la decoración, esa lámpara hecha con cubiertos, el abuso del color naranja combinado con madera y acero, la carta... Así que había que provocar una nueva visita. Volví, armado de compañeros de trabajo. Y la impresión fue agradable, económico, comida bien presentada, aunque la elaboración podría mejorarse, digamos que es standard, recuerda por carta a tantos otros sitios de la ciudad, con algún golpe de originalidad, pero más bien poco. La cena más divertida fue en compañía de amigos, a la salida de un curso en la UPC, por que el ambiente nocturno de este restaurante, por su ubicación, es variopinto.
En la mesa de al lado, una mujer francesa de mediana edad, que reposaba glamour, observaba con detenimiento lo que estábamos cenando y lo comentaba con su acompañante. No se cortaba ni un pelo del moño. Pero la nota de color la dio una inglesa que en pleno febrero llevaba por todo vestido un salto de cama, escotado hasta el ombligo, que además le sentaba como a un cristo un bazoka.
Attic, que por la altura del edificio bien podría llamarse Enttresol, es muy cosmopolita, desde las mesas de la cristalera se observa el ambiente de la Rambla, si te fijas bien puedes ver los descuideros acechando a sus presas.
Hoy también ha habido comida con otro grupo de camaradas, casualmente la vez anterior que comimos este grupo fue precisamente en Attic, reservado entonces por Susana.
Sobre el precio, andaros con ojo, pues aunque es la típica carta de precios medios, en un descuido podéis llegar a pagar una buena factura (que si un pica-pica, que si el vino, que si el postre, ...).
Attic está en los antiguos almacenes Sepu, cerca de Portaferrisa, La Rambla, 120. Teléfono, 933024866.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Granja Brusel.les

¿Puedo dar mi opinión sobre un sitio en el que nunca he estado? Pues claro, cada día políticos, tertulianos, periodistas y una caterva de personas hablan de cosas que no conocen. No seré yo una excepción.
Miento, si he estado en la Granja Brusel.les, pero no comiendo. Fuentes anónimas que no desean ser reveladas, y que comen o han comido ahí con frecuencia gustan de la cocina casera de la granja, si bien opinan que ya no es lo mismo, por que ahora trabajan más, hacen caterings para Carburos... que está casi a la misma altura, al otro lado de la calle Aragó.
Yo he ido a recoger pasteles. Varias veces. Y los he comido con regularidad semanal durante mucho tiempo.
Es bastante casero, eso quiere decir que no todos los días sale igual, pero siempre bueno. Una repostería sin demasiada grasa ni aditivos.
Impresionante el "plum cake" de frutas, el de chocolate, el pastel de limón, y el pastel de pera con chocolate merece mención aparte. Famoso también su yogur griego con frutos secos, delicioso si se consume con miel o con azúcar pero con sal pierde un poco, esto alguien ya sabe por que lo digo. De hecho, mis últimos cumpleaños, para compartir en el trabajo siempre he llevado "plum cakes" de la Brusel.les.
Ahora bien, es una granja, no una pastelería, esta pensado para vender por raciones y al público en el local, y por lo tanto si deseas llevarte la pieza entera para consumir en casa conviene llamar y encargar, o pasarse primero.
Es un local realmente estrecho, formato tubo con barra larga, pero me parece agradable para desayunar. Quizá aséptico sea un adjetivo adecuado. Si mis fuentes anónimas desean ampliar esta información hablando de las quiches que yo nunca he probado o el pastel de puerros, libres son de hacerlo.
La Granja Brusel.les está en Roger de Llúria, 67. Teléfono 932154757.