miércoles, 29 de septiembre de 2010

Carmesí

Venimos del Liceu, El rapto en el Serrallo, se me hace difícil ser crítico de ópera. Voy como mucho una vez al año, y no desde hace tanto tiempo, habré visto pues una decena de representaciones. Pero del teatro en términos generales y, sobre todo, de la estética en general, si me siento crítico iniciado y a perpetuidad.

No hace mucho, Quim Monzó publicó en La Vanguardia una serie de artículos sobre el teatro y porqué le horrorizan los espectáculos teatrales. No puedo estar más de acuerdo. Señores directores de escena, algún día lo revolucionario y original en grado superlativo será que los actores aparezcan en escena por bambalinas y no por la platea. Si me apetece que los actores aparezcan por la platea, voy a ver a La Cubana, no a "el Liceu". Si me apetece formar parte del espectáculo, voy a ver a la Fura dels Baus, no a "el Liceu". Voy a "el Liceu" a ver una representación operística de corte clásico y me molesta sobre manera que los coros aparezcan en el piso de abajo y que me haya perdido, en consecuencia, la mitad. Menos mal que la orquesta la mantuvieron en el foso. Sería entretenido que te sentasen una tuba al lado, o mejor aún, un trombón de varas tras de ti.

La escenografía, al mismo son, muy por debajo de las expectativas, incluso peor que la Julio César de Haendel, también en el Liceu, o que alguno de los inefables montajes de D. Calixto Bieito. Es que no toca, será revolucionario y será arte, pero está fuera de lugar.

Al día siguiente, quedamos para cenar, la cita es en el Carmesí, de camino pasamos por la puerta del que será nuevo local de los Hermanos Adrià, que abandonan Inopia, reconvertida en Lolita tapería. En este local han montado una "performance" en que tratan de mostrar que las prácticas psiquiátricas modernas son una tortura. No digo que no, pero dan zumo de melocotón mientras te explican la charla, un detalle.

A la llegada al Carmesí, aún no están los comensales. El principal, el homenajeado que cumple años, Savi, está en el bar de enfrente.

El local es pequeño, aunque en verano alivia su superficie con la terraza montada en la calle Blai. Calle Blai que actúa como paseo vertebrador del Poble Sec.

Toda la cena está siendo regada con cerveza del Poble Sec, yo la llamo así por que en fiestas hacen ediciones especiales con decoraciones de las 3 chimeneas, pero en realidad está envasada en L'Hospitalet. Hay que apostar por los productos semiartesanales, quizá no son de la máxima calidad, o no son de calidad homogénea, pero suponen una apuesta por lo nuestro, por nuestros vecinos, que esperamos estén siempre ajenos a la deslocalización y sin tentaciones de montar fábricas en Marruecos. Por eso soy partidario de volver al sastre, al carpintero, y como no, al artesano cervecero.

Una amiga de Savi, Gloria, a propósito de los vuelos baratos, afirma que algo no va bien en este mundo cuando un inglés coge un avión para comprar cigarrillos y alcohol en Barcelona, por que es más barato que comprarlo en su pueblo. Yo añado, algo no va bien, cuando comprar calzado manufacturado en China es más barato, terriblemente más barato que comprar calzado manufacturado en Mallorca, por ejemplo, o que una cerveza Heineken o Coronita, que vayan a saber dónde se envasó, sea más barata que una cerveza de tirada artesana como la GLOPS que estamos degustando, o la Rosa del Montseny.

La carta es corta pero prometedora basada en la cocina griega y árabe, exótica en general, pinta de productos biológicos. La cocina está a la vista, detrás de la barra, y es un fogón con una plancha. Suficiente para un local que no aspira a atender a demasiados clientes. Compartimos entrantes, de los que recuerdo un hummus perfectamente bien aderezado, que como casi a medias con Frankie. Después me pido un cus cus vegetal, y me parece excelente, pero demasiado abundante. Tanto es así que me sobra más de la mitad. La camarera, ajena a mi costumbre de abandonar los platos a medio comer, me pregunta preocupada si el plato estaba bien. Por supuesto, un cus cus excelente, pero se acabó mi apetito. No hay problema, me envasa en una fiambrera el resto del plato... A ver, que me voy de marcha, y con la "carmanyola" pierdo el escaso glamour que pueda tener, si no te dejan entrar con bambas en según que sitios, no creo que me dejen entrar con una fiambrera de papel de aluminio a una discoteca, pero a dónde fuimos lo mismo sí nos dejan entrar con la fiambrera, pero eso será otro post.

No recuerdo cuanto pagamos, pues las cervezas GLOPS estaban subvencionadas por el homenajeado, incluso quizá la comida en sí también estuvo subvencionada. No recuerdo si pagué o me pagaron. Pero me pareció económico, y sobre todo con una buena relación calidad precio, pero lo mejor fue la simpatía de la camarera, que siempre se mostró de buen humor y dispuesta, y eso que éramos un grupo numeroso, y en un espacio reducido, eso suele provocar aturdimiento a más de un camarero, trabajar con grupos así, pero no fue el caso.

Bueno, lo mejor de lo mejor fueron las personas que allí nos reunimos, pero eso es obvio. Carmesí, Blai, 32. Tel. 659 048 394

Este post está escrito hace mucho tiempo, y no sé por qué no se había publicado, he aportado algún dato de última hora, al reescribirlo.

lunes, 16 de agosto de 2010

Cervecería Costa Gallega

Plan para la tarde, ir a ver Avatar, basado en la serie de dibujos animados del mismo nombre, pero como Cameron pilló primero este nombre para su película, lo han cambiado por "Air Bender, el último guerrero". La película me ha gustado, y sí, mis gustos cinematográficos son tan discutibles como los de cualquier otro, pero lo cierto es que si voy al cine a ver una sesuda producción checa en VOSE, acabo dormido, pero viendo películas de acción me lo paso bien. La última vez que fui al cine con los señores Capuccino (Sr. Café y su esposa la Sra. Nata) en los Renoir de Floridablanca, me llevaron a ver una VOSE de los hermanos Cohen, en blanco y negro, y sesión golfa, después de cenar. Iba de algo de un barbero, y un asesinato, pero no recuerdo nada más, a los cinco minutos estaba KO.

La película ha estado bien, pero a la salida el plan continuaba con un bocata en la flauta, cerrado. Bueno, vamos al Ciudad Condal que es lo mismo, abarrotado. Bueno, paseamos hasta la Cervecería Catalana, más de 30 personas haciendo cola. La bodegueta de Rambla de Catalunya, si quiero mesa me toman nota y ya me dirán, El mesón 5J idéntico espectáculo.

Al fin nuestra embarcación ha recalado en la Costa Gallega.

Unas tapas de lo más típico, de elaboración casera pero sin ganas, quiero decir, malas. Demasiado aceite. Y desde luego las patatas bravas, con demasiadas áreas de mejora (la mayonesa, el picante, el aceite y el punto de fritura).

A mitad de la cena, de repente se hace el silencio, y un comensal opina que se siente observado. Estamos rodeados de guiris que han pedido pizza para cenar, otros paella, y alucinan del montón de platitos que nos van trayendo. Pasa lo que tiene que pasar, un guiri está pidiendo a un camarero algo que hay en nuestra mesa, y el camarero, sin cortarse un pelo, me mete el dedo en el plato. Ya había acabado, sino menudo folklore monto. El guiri no se entendía con el camarero, aunque hablaba en francés, y el camarero por lo que aprecié hablaba mejor francés que castellano. Intervengo yo, quiere un montadito de queso, cosa que no ha podido ver en mi plato, y el camarero le quiere servir una ración de manchego. Zanjo la discusión a favor de un montadito de idiazabal con membrillo que hace las delicias como postre de nuestro turista accidental.

En resumen, Costa Gallega, con muchos jamones colgados en la barra, pero poco en la carta. Tiene mejor aspecto que lo que sabe, y demasiado focalizado en el turismo. Lo mejor es que tenía una mesa libre, lo peor, el camarero pero esto ya es una lotería, y la comida que bueno, se puede comer mejor en Barcelona, siempre que los guiris no abarroten los locales. He tenido la sensación de ser uno de los pocos barceloneses que cenábamos por el centro, tanto es así, que al final casi han conseguido que me sintiera turista yo. Per correr miglior acque alza le vele omai la navicella del mio ingegno, che lascia dietro a sé mar sì crudele. Así me alejo de la Costa Gallega, alzando las velas de mi ingenio para ir a tomar café a otro sitio. Estos versos de la Divina Comedia me recuerdan a Vero, que el otro día estuvo recogiendo un premio en Terrassa, pero que no nos pudimos ver por los horarios de los trenes, pero me hizo una ilusión brutal que se acordase de mi.

Costa Gallega, Passeig de Gràcia, 71, 93 215 31 41 Prescindible, salvo si no encuentras otra opción.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Bar "El bocata"

-Hola, hemos colgado las fotos de la cena en tu casa en el facebook. Así me sorprenden mis amigos. No sé que opinais vosotros, yo creo que los Mossos d'Esquadra tienen sus cosas, pero al menos cuando te hacen una foto te la envían a casa, y 300 euros de factura, que digo yo que si te gusta la foto por el mismo precio luego te mandan dos ampliaciones. Llegará que los Mossos nos envíen un correo que diga Asunto: Bienvenido a Barcelona. -Hemos colgado en el muro de nuestro facebook la foto de tu entrada en la ciudad a 80 Km por hora al principio de Vía Augusta, tramo de velocidad controlada a 50 Km por hora. Me pregunto cuantos amigos tendrán...

Sesión de tarde en el Palau Balaña, ¿Cómo se llama la película? El equipo A. Acción a raudales y la fórmula repetida mil veces en televisión. Saigón se ha convertido en Bagdad, pero la CIA siguen siendo igual de mala y el ejercito igual de tonto. Y es que ver a Baracus abrazando la no violencia, y diciendo "Dios, que difícil es cambiar de costumbres, con lo habituado que estaba yo a matar". Te entiendo, Baracus, a mi me pasa lo mismo con el tabaco. Risas aseguradas. Me encanta que los planes salgan bien.

A la salida del Palau Balaña probamos suerte en una de las terrazas del Passeig de Sant Antoni. Meeeeec! Error. Ahora sé que las terrazas de Vallespir tienen mejor pinta, pero las vemos demasiado tarde, después de cenar. He llegado a la conclusión que existe una regla no escrita, cuanto más se gastan en locales menos se gastan en comida... Y en servicio, y menaje... Pedimos unas tapas, ensaladilla rusa, buñuelos, gazpacho, un pincho, cosas así. todo servido a la misma temperatura, esto es la ensaladilla y el gazpacho, demasiado caliente, el pincho y los buñuelos demasiado fríos. Todo precocinado y congelado industrial, y de segunda marca, y las frituras, claramemte mejorables. Digo yo, si no les gusta la cocina, para qué se meten a restauradores... Las tapas a 1,90 euros, las raciones a 2,90 pero el servicio de terraza lleva un plus de 0,50 euros la tapa. En total, un sobrecoste de 4,50 euros, por un servicio de mesa más preocupado por limpiar mesas vacías que atender a clientes sentados, pero al menos, cuando se dirigen al cliente son agradables. ¿Cómo acabé sentado ahí? En la foto, la respuesta. Semejante horterada atrae a los clientes como la luz violeta a los mosquitos. Bzzzzzz! Y la terraza, enorme, estaba llena a reventar. Bar el Bocata, P. Sant Antoni, 37. Teléfono 934910510.

lunes, 2 de agosto de 2010

Gusto Trattoria

He quedado a comer con Diego y Raquel. Mientras espero deambulando por los alrededores del restaurante "Gusto" reparo eu en la terraza del local hay un nutrido grupo ed italianos comiendo pizza, y no deja de resultarme curioso, hacer unos miles de kilómetros para comerse una pizza "frutti di mare" y poder criticar a la vuelta que la mozzarella que usamos en España no es de búfala. A mi mente han venido las infumables paellas y tortillas españolas que he visto, nunca comido, en lugares como Budapest o Helsinki, por no hablar el jamón serrano de Estocolmo.

Llegan Diego y Raquel y me avalanzo sobre el iPod de Diego, acaba de casarse y espero encontrar las fotos del enlace así como fotos del viaje de novios, al sudeste asiático. Las primeras fotos son del propio Diego cuando era niño, siguiendo la tradición de las bodas holandesas, y de otras bodas españolas, a los invitados se les deleita con un viaje al pasado de los novios. Las fotografías de la ceremonia por las expresiones de alegría de la gente muestran que se lo pasaron fenomenal, y los que más los novios, como corresponde a una boda. Gráficamente, lo que más me gusta es una suelta de globos de papel con una candela dentro sobre el cielo nocturno del Atlántico, que me recuerda a una escena de la película "El acantilado rojo".

Estoy haciendo cola en los juzgados de Barcelona, esperando para actuar como testigo en el matrimonio del Sr. Café y de la Sra. Nata, y por cosas del destino, los que tienen el turno siguiente son Diego y su ahora esposa, y es que el mundo es un pañuelo. De esta escena ya han pasado algunos meses, pero no deja de parecerme singular lo pequeña que me parece Barcelona en algunas ocasiones, que esto pase en un pueblo de 500 habitantes, bueno.Pero en un ciudad con más de un millón de personas, nunca me lo acabo de creer.

El camarero aprovecha que estamos distraídos con el iPod comentando las jugadas para no hacernos caso, dejar las cosas a traición, y salir como alma que lleva el diablo, y así evitar que pidamos más bebida, el pan, cubiertos, las vinajeras, y otros pequeños detalles que si ya estuviesen en la mesa no deberíamos encontrarlos a faltar. A la tercera vez que Raquel trata de dirigirse al camarero sin éxito, le pido a Raquel que me diga a mi lo que le quisiera decir a él, que es muy malo quedarse con la palabra en la boca, Raquel ríe. En el local se come bien, me comenta, pero son un poco "especiales", aunque esta no es la palabra exacta usada. Lo cierto es que se come bien, pero como hemos quedado tarde la mitad de las opciones del menú están agotadas, pero ésto lo encuentro normal, son las 3 de la tarde pasadas, y si no están bien organizados, el menú empieza a fallar. Lo que no me parece tan normal es que los camareros sean inmunes a las señas, a las llamadas o a la lógica de su trabajo, atender a los clientes. A las 16:30 hemos pretendido tomar el café en la terraza, imposible, cerrada, cerrada para tomar un café los que estamos comiendo adentro, impresionante. a las 17 horas, nos han pedido amablemente que paguemos la cuenta y nos vayamos con nuestra música a otra parte. Se come bien, eso sí, y va mucho turista o personal de paso por la zona. Solo eso puede explicar que estén casi llenos con lo agrios que son en la forma de atender a la gente. La conversación, a pesar de los interesantes relatos de Diego y Raquel, a propósito de la boda, el viaje, y la final de la Copa del Mundo de fútbol -Sí, ya que Diego se ha casado con una holandesa, y el cachondeo entre las amistades a propósito del juego karateka desplegado por Holanda dio de sí- La conversación deriva por un momento a temas laborales y más mundanos.

A las 17 horas, y tras que nos inviten a abandonar el local, dejamos nuestra conversación emplazándonos para comer otro día por la zona. Gusto Trattoria, Rosselló, 84. Teléfono 93 323 65 75. Tienen un par de menús, a partir de los 10 euros. Se come bien, pero hay que tener mucha paciencia.... con los camareros.

domingo, 1 de agosto de 2010

Federal

Un barrio, Sant Antoni-Poble Sec, con un desfile de la más alta gastronomía de la ciudad y con el paseo de más sabor teatral está falto de locales de copas. Siempre puedes tomar algo en Ébano, o en La Confitería, y si es una hora temprana en cualquiera de las terrazas que jalonan el Paral.lel o la Ronda pero la oferta se me antoja corta.

Lo mismo deben pensar los dueños de Federal, el bar que hoy, 1 de agosto de 2010, ha abierto sus puertas. Yo iba rumbo a la Sirvent a tomar una horchata por la ruta habitual, ésto es siguiendo el trazado de la Avenida Mistral, espina dorsal del barrio, y al coger Parlament, he reparado en el local lleno de gente.

La gracia es que en ese local, si no estoy equivocado, se ubicaban los almacenes Gelen, donde mi madre me compraba los baberos, y donde mis sobrinos se han equipado cuando eran bebés. La reforma lo ha convertido en un local totalmente abierto y que invita a entrar, la planta baja me ha dado la sensación de ser una terraza interior, donde han sustitido los cristales de los escaparates por poyos en los que la gente se sienta con unos cajones a modo de mesa. La planta intermedia es más un tránsito, y me parece ideal para tomar un café a media tarde, observando desde sus lunas la vida del barrio, y la enorme cola en la puerta de la sobrevalorada Sirvent. La joya está una planta más arriba, una terraza abierta al mundo y a la sombra de media tarde, ideal para un trago largo más nocturno, en una cálida noche de verano, como la de hoy y ambientado con un limomero. Celebraban la apertura invitando a los clientes con cava Bertha, este sitio promete horas de buena conversación entre amigos.

El público de la inauguración, variopinto, esa sería la definición, desde familias jóvenes con niños, a curiosos como nosotros, y tipos más singulares, pero espero que el local lo adoptemos los del barrio, un local realmente bien diseñado y agradable. Enhorabuena.

Nos vemos en Federal, en Parlament,39 casi esquina Viladomat. En la fotografía, muy mala, la vista del patio de luces desde la terraza de la última planta.

miércoles, 28 de julio de 2010

La Despensa de Laforja

La azafata se pasea por el pasillo del avión, en vuelo entre Granada y Barcelona. A pesar de que es primera hora no puedo dormir, el asiento contiguo lo ocupa Martín. A Martín no le da miedo volar, solo pánico. -¡Azafata!¿Vamos a tomar tierra? -Martín, tranquilo, te vas a "jartar! de tierra, le espeto. Su mente está ocupada con ¿Qué habrá querido decir Toni? Cuando por fin aterrizamos en El Prat. A propósito de El Prat, el otro día leía un texto por internet, supongo que escrito con un traductor automático, que hablaba de aterrizar en el Prado... y me costo mucho, mucho desligar la palabra Prado del museo, para transformarla en un aeropuerto. Leer, a veces, es perjudicial para la salud.

Esta anécdota me la refiere Martín cuando hoy nos hemos sentado a comer, casi 10 años después. Se ha sumado a la comida antes de vacaciones con Sergi y Elena.

No entiendo porque los taxistas de Barcelona les encanta ir a los sitios en zigzag, pero es peor preguntarles. Por fin nos detenemos en Aribau Laforja, tan en su tiempo que esperando en el semáforo están Elena, Sergi y Martín que se disponen a cruzar Aribau. El sitio lo ha elegido Elena, y menudo descubrimiento. Si algún día yo tengo un establecimiento de restauración será muy parecido a La Despensa de Laforja.

Si digo que de aperitivo nos han dado fiambre de pechuga de pavo, ensalada de primero, butifarra de segundo y de postre una naranja, precio del menú 14 euros, puede parecer bastante caro. Si digo que todo estaba servido con un mimo propio del que ama su oficio de restaurador, que el fiambre de pechuga de pavo estaba cortado finísimo, servido en pañuelos, rociado por una suave capa de tandori, y acompañado de aceite de oliva arbequina y cristales de sal maldón y un cestillo con pan de semillas, pan rústico y pan francés, la cosa cambia. Si digo que la ensalada tenía un mezclum muy agradable con predominio de la hoja de roble, y acompañada por rodajas de kiwi, piña natural y fresones, con una vinagreta de miel, la cosa cambia. Si digo que la butifarras estaba la carne en forma de hamburguesa, sobre un lecho de verduras (judías verdes, espárragos y zanahorias) cortadas en juliana, tipo espaguetis, y una salsa con base de soja, y unos pimientos de Tolosa, la cosa cambia. Si digo que la naranja estaba pelada y cortada, con un hilo de miel y salpicada de nueces, la cosa cambia. En ningún momento, en la mesa nos ha faltado ni pan, ni agua, ni cerveza, ni nada, siempre una mano invisible cambiaba las copas y ponía lo que necesitábamos. El precio del menú así servido 14 euros, simplemente genial. Mis amigos han preferido el timbal de morcilla de Burgos con huevo ecológico y se deshacían en elogios, yo más temeroso del colesterol, me he tirado a la lechuga. No sabía con que foto acompañar este post, si con las estanterías abarrotadas de especies y aceites, salsas y conservas, vinos y chocolates, o con el aparador con los platos precocinados, con las fotos de los platos montados; me he decantado por uno de los cuadros a la venta en el mismo local, pues no solo de comida se alimenta el hombre.

El inconveniente, me comenta Elena, es que el horario de funcionamiento es el de la tienda, y solo tiene cuatro mesas, al mediodía, sin reserva ni lo intentes. Por la noche, solo grupos y pactado previamente con el dueño. La sobremesa se puede alargar lo que sea necesario. El cocinero ha salido a comer, y nos ha sorprendido, iba perfectamente uniformado pero si tenía 18 años, aparentaba menos. Probablemente el hijo del dueño, por especular.

El inicio de la comida ha venido marcado por los acontecimientos políticos que están despertando a la sociedad civil catalana de todos los colores. Conocedores que nuestras visiones políticas de la sociedad no son coincidentes, hemos basado nuestra conversación en aquello que nos une y nos hace sonreír, que diferencia con lo que ocurre en otros círculos donde la política comienza a abrir grietas que tardarán tiempo en taparse.

Menudo descubrimiento La Despensa de Laforja, he acabado comprando materia prima, para una cena que doy el viernes, momento que mis amigos han aprovechado para pagar la factura del restaurante, así que la próxima vez, me toca a mi. La Despensa de Laforja, Laforja, 80, entre Aribau y Muntaner. Teléfono 93 209 9199, por favor, no corráis la voz, son solo 4 mesas. http://www.ladespensadelaforja.com

martes, 27 de julio de 2010

Kin Sushi bar

Recibí un email, es Álex. Nos hemos cruzado en la puerta del Corte Inglés, cruzando la Ronda Sant Pere. Hace años que no nos vemos, de hecho llevaba a su hija de la mano y la última que desayunamos juntos, su esposa estaba aún embarazada. Debido al tráfico no pasó de un saludo y una sonrisa. El mail me propone que nos veamos un día, y si quiero quedamos para comer ¡Por supuesto! Yo como todos los días, a Dios gracias. El siguiente correo me cita un día de entre semana en un restaurante en los alrededores de mi oficina, un japonés. No recuerda el nombre, en la calle Provença, 97.

El día señalado y a la hora convenida me dirijo a Provença, 97. Entro en un restaurante llamado Mon, con una decoración bastante minimalista. Me trae la carta una camarera, su cara me suena, le digo que no voy a pedir, que espero un amigo. Me ofrece un aperitivo, -Sí, claro, una coca-cola. Me trae el refresco y un bol con aceitunas. Hay debería haber sospechado algo...

Pasa el tiempo, media hora o tal vez más, y mi amigo no se presenta, le llamó, pero el número que conservo en la agenda era el móvil de su anterior trabajo. Intento localizar amigos comunes, pero deben estar comiendo, no me contestan. Pasan ya tres cuartos de hora, y me asomo a la calle y ¡Bingo! en el mismo número hay otro restaurante, este japonés de todas, todas. Kin sushi bar. Dentro está Álex, que ya ha empezado a tomar su menú, solo, extrañado de mi ausencia. Vuelvo al Mon y la camarera, me suena su cara, me sonríe y me invita a la cola. Le prometo que volveré.

Esta semana volví a quedar a comer con Álex, y repetí bar. El menú vale 9,95 euros y es un menú poco dado a las sorpresas, es prácticamente idéntico al de la vez anterior. Un aperitivo que consiste en cuatro lascas de salmón marinado en mirin, con semillas de sésamo tostadas y de amapola y una salsa que podría ser una mostaza, makis, fideos fritos, y pollo empanado con una salsa tipo teriyaki, o digamos barbacoa que se entiende más. A mi este menú me da acidez.

No sé como será comer a la carta, los platos, desde luego, aparentan apetitosos y están servidos según los usos japoneses. Lo que no me gusta de este restaurante es que está lleno de compañeros de mi oficina, y llámame asocial, pero no me gusta coincidir en los mismos sitios con la misma gente.

Hablando de coincidir, al ir a pagar hay una persona en la caja, Álex me pregunta si le conozco, y la verdad es que sí. Me lo presentó Cristina hace unos años, en una escuela de verano para cargos electos del Partit Popular de Catalunya, ese día Daniel estaba muy contento, le habían confirmado que entraba en puestos elegibles en la lista por Barcelona al Parlament de Catalunya. Ahora Daniel Sirera, aunque estoy desconectado de la política, me parece más un juguete roto. Está comprando un catering para llevar, Fuera le espera un coche con chófer. Nosotros vamos a la terraza de al lado del Kin Sushi Bar a tomar un café, por que este restaurante, lleno de personas a tomar su menú de mediodía (menú sin opciones, tipo "esto es lo que hay") tiene una acústica horrible, y cuando no te oyes, chillas más y aquello parece una patio de subastas. Kin Sushi Bar, Provença, 97, 93 363 0791